La Escuela

«A todos les está concedido conocerse a sí mismos y ser sabios»

Heráclito

La Escuela de Filosofía Sapiencial nació en 2011, de la mano de Mónica Cavallé, como un espacio dedicado íntegramente a la enseñanza y difusión de la filosofía como arte de vida y como camino de sabiduría.

La Escuela otorga a los términos «escuela» y «filosofía» un sentido cercano al que tenían para las antiguas escuelas filosóficas griegas y romanas. Dichas escuelas eran lugares donde se enseñaba y se compartía la «filosofía» entendida en su sentido originario: como amor a la sabiduría.

Los filósofos vinculados a la Escuela aspiran a que la filosofía rebase su actual circunscripción a los circuitos académicos y recupere su relevancia para la vida individual y social. Consideran que, mediante esta recuperación, la filosofía se aproxima, dentro de marcos contemporáneos, a su espíritu inicial, pues esta no nació simplemente como especulación sobre las cuestiones últimas, menos aún como mera reflexión sobre la historia del pensamiento, sino también como guía en el arte de vivir, como una disciplina que incumbía indisociablemente a la comprensión profunda de la realidad y de nosotros mismos y a nuestra transformación interior, la ordenada al desarrollo de nuestras mejores posibilidades.

La Escuela desarrolla una triple vertiente:

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Busca acercar la filosofía en su vertiente sapiencial a todos aquellos interesados en iniciarse en ella y en aplicarla a su vida cotidiana. Con este objetivo, brinda su formación a través de consultas, escritos, cursos, talleres, encuentros y diálogos filosóficos.

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Forma a los poseedores de una titulación superior en Filosofía que desean facilitar procesos de asesoramiento o acompañamiento filosófico. Les ofrece, asimismo, un espacio de formación y supervisión permanente así como de intercambio y enriquecimiento mutuo.

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Ofrece a las personas y a los profesionales que se dedican a las relaciones de ayuda la oportunidad de enriquecer su práctica específica con el enfoque de la filosofía sapiencial.

SOMOS EL INGREDIENTE QUE FALTA

«No se nos ha dicho que, en las mismas raíces de la civilización occidental, reside una tradición espiritual. Hay que pagar un precio para entrar en contacto con esta tradición. Siempre hay que pagar un precio, y, precisamente porque nadie ha querido pagarlo, las cosas están como están. El precio no ha cambiado: somos nosotros mismos, nuestra voluntad de ser transformados. Solo sirve eso, no puede ser menos. No podemos apartarnos y mirar. No podemos distanciarnos porque precisamente nosotros somos el ingrediente que falta. Sin nosotros, las palabras solo son palabras. Y esta tradición no existió para edificar o entretener, ni siquiera para inspirar; existió para devolver al ser humano a sus raíces. […] A muchos nos preocupa la extinción de todas las especies que el mundo occidental está exterminando. Pero casi nadie se da cuenta de lo más extraordinario de todo: de la extinción de nuestro conocimiento de lo que somos».

 

Peter Kingsley, En los oscuros lugares del saber